viernes, 23 de octubre de 2009

Un día cualquiera no sabes qué hora es...

He tenido que madrugar. A las 4:15 am ha sonado mi teléfono / despertador. Yo ya tenía un ojo semiabierto (de los de la cara, no sean malpensados). He pagado la cuenta de mi hotel y un taxi desvencijado me ha llevado a la estación de autobuses.

La estación de autobuses de Tufesa en Navojoa es como un consultorio médico rural; unas cuantas sillas de linaje heterogéneo dispuestas como si las hubiera lanzado desde el aire un avión de ayuda humanitaria en una sala de unos 30 metros cuadrados con menos detalles que un diseño de Ágata Ruiz de la Prada (parafraseando al ínclito Chiquito de la Calzada)

Hoy el autobús ha sido puntual. La idea era llegar a Los Mochis a las 8:10 de la mañana hora local. Y así ha sido…allí de nuevo, otro taxi al aeropuerto. En este caso, estaba identificado como “ecotaxi”. Por muchas vueltas que le di, por mucho que intenté indagar en el trayecto de 20 minutos que realicé en su interior, creo que la única razón para llamarlo “eco”, es que estaba pintado de verde…(no tenía cinturones de seguridad y era un modelo años ochenta en cuya construcción dudo que se emplearan técnicas muy enfocadas en la reducción de las emisiones).

Ya hacía rato que había amanecido pero, bajo esa luz todavía oblicua de la mañana, el paisaje que rodea el aeropuerto me resultó especialmente atrayente. Estamos en época de ciclones y la gran llanura semidesértica que se abría ante mis ojos estaba salpicada por manchas acuosas de un dramático azul grisáceo formadas por el agua acumulada en las lluvias de los últimos días. Al fondo, una cadena montañosa, borrosa por el efecto de la refracción dominaba la escena recordando a uno de esos paisajes de Ansel Adams.

He pagado 170 pesos al taxista al que, como siempre, se le habían “agotado” los recibos y he entrado en el aeropuerto para facturar mi equipaje.

Después he pasado al baño para supervisar mi aspecto. Me he mirado al espejo. Tengo el pelo demasiado largo, los ojos demasiado hinchados, el cuello dolorido... He decidido, que me voy a dejar crecer la barba. También voy a seguir dejándome caer el pelo (casi todo en la vida es cuestión de actitud). Si me pongo chulo, incluso voy a tirarlo yo mismo!

Esta noche dormiré en Regina (Canadá). Emocionantes aventuras están aguardándome tras una mesa de negociación en nuestras oficinas centrales.

P.D. Queridos lectores. Soy consciente de que ustedes son pocos, delicados, vulnerables, en peligro de extinción (como los votantes de Izquierda Unida) y además los trato mal con mis textos que son más terapéuticos que interesantes pero…no puedo prometerles que voy a cambiar. Lo siento.

7 comentarios:

Marianna dijo...

mmm, llegué a pensar que no me querias más comentando tu blog, espero estar rotundamente equivocada y si no... pues te aguantas jojojo! me ha encantado leer los ultimos 2 posts, han estado buenisimos. Saludines:)

Anónimo dijo...

Estas son las historias que me gustan de ti, vuelves a tu ser, me alegro. Un fuerte abrazo. ¿Cuándo te veremos por tu tierra???
Anónimo II

Marianna dijo...

Luis, saludos hasta Canadá, quisiera decirte que te envidio pero no, me choca el frio aunque se que los paisajes deben ser bellisimos, entonces tal vez si te envidio un poco,pero desde acá un abrazo. disfruta tu viaje, (espero te pase otra cosa como estos ultimos días, que la verdad me han hecho gracia) y tu diagnóstico muy acertado por cierto, gracias

Anónimo dijo...

Ese A.Vega!!

la MaLquEridA dijo...

Pues no veo porque tengas que cambiar, lo poco que leí me gustó, ¿cuál sería la razón del cambio?...no la veo por ningún lado.

Si sigues escribiendo como eres tú, pues ya...te seguirán leyendo.

Saludos y gracias por pasar, espero no sea la última vez.

Akroon dijo...

Voto por la barba y el pelo largo. Un cambio lento que requiere paciencia. Yo hice lo contrario, me quité la barba y me corté el pelo. Un cambio drástico a golpe de idea precipitadamente huracanada.

Es interesante sentirse como un ejemplar de una especie en extinción... razón por la cual opino que no deberías cambiar a no ser que sientas que así debe ser.

:)

Ferran dijo...

Luis no hay motivo para ateneser a cabello tan ongrato, si se quiere ir, correlo de una vez, no le permitas hacerte esto.

Yo tampoco te envidio, estando en Chicago incluso te advierto del frio. Hermano suerte, y espero que no mueras congelado.