miércoles, 10 de octubre de 2007

La Revisión Médica














Cualquier fenómeno extraordinario en medio de una actividad más o menos rutinaria se convierte en motivo de excitación general y chascarrillo.

Esta mañana he llegado a uno de los centros de trabajo de la empresa que paga religiosamente mi nómina (por ahora), y me he encontrado con una unidad móvil de la Mutua Universal haciendo el reconocimiento de salud anual a nuestros trabajadores.

Al entrar en la oficina, la escena parecía el cuadro de Rembardt, “Clase de Anatomía”. En torno a la mesa de reuniones se encontraban sentados todos los asalariados orientando sus miradas hacia el lugar en el que un diligente ATS (Asistente Técnico Sanitario) extraía sangre a uno de sus compañeros. Los improperios de la muchedumbre enardecida por la visión de la sangre eran múltiples y variados y hacían generalmente mención al grado etílico de la sangre de sus colegas o bien insinuaban que el fluido vital de los mismos no salía con facilidad de sus vasos porque “tenía tropezones”. Lindezas de este tipo sin duda, nos ayudaron a pasar el rato de una forma "agradable".

Después fueron pasando uno por uno a la unidad móvil. A uno de ellos, debido al felpudo que luce en el pecho, no se le quedaban fijados los sensores del electro cardiograma, al otro lo amenazaban con que, dado que pasaba la cincuentena era carne de prospección rectal en busca de alteraciones prostáticas, el de más allá juraba y perjuraba que era imposible ver la fila 8 de las letras que te muestran para detectar tu nivel de ceguera (lo malo es que mantenía que no sólo era imposible para él, "cuatrojos" declarado, sino también para el resto de lo bípedos mortales pobladores del a faz de la tierra!).

La verdad es que estas cosas son las que te reconcilian con el mundo. A la hora del almuerzo mientras interíamos triglicéridos, colesterol y cloruro sódico a dos carrillos (ahora que ya no afectaría los resultados de nuestras pruebas podíamos hacerlo) decidimos que todo aquello no servía para nada y que lo mejor era no tenerlo demasiado en cuenta.

Uno de los trabajadores se percató de que a uno de los enfermeros le faltaba un dedo. No faltó tiempo para que alguien relacionara la falta de ese apéndice anatómico con la palpación rectal del hombre cincuentenario.

Tras todas estas chanzas, volvimos al trabajo hechos todo un equipo. Me río de los consultores que se llevan a los ejecutivos estresados para “hacer team” a jugar al Paint Ball y lanzarse en tirolina. También de los que van a Disney World en vacaciones!

Contra el tedio y el aburrimiento…ponga una jornada de reconocimiento médico en su vida!

9 comentarios:

manijeh dijo...

Veo que se divierten mucho en tu trabajo!

Esta pinche vieja dijo...

Rápido y económico... jajaja... tanto tiempo sin leerte... un besote!!!

Anónimo dijo...

En la empresa donde yo trabajo nos envían a la mutua a hacer el reconocimiento... esto nos da un tiempo libre para desestresarnos ;-))


Un besito

Mariana dijo...

Curioso, todas esas imágenes de los cuadros que remiten al descubrimiento de la anatomía humana como la conocemos ahora me recuerdan tanto mi infancia y a los poquitos años que mi papá vivió con nosotras.

Me dio mucha risa la reflexión que hicieron del hombre sin dedo.

¡Saludos!

Mariana.

gaby dijo...

Nada como un "reconocimiento anal" para unir a los hombres..... ¡Perdón!, reconocimiento anual. ;)

The Seeker dijo...

Luis, permíteme decirte que eres uno de los mejores descubrimientos que he hecho recientemente; siempre haces que me sonría con todo lo que escribes.

Ginebra dijo...

Um... ¿y no comprobaron lo del dedo? porque vaya a ser que bromeando bromeando...

MeL!Ss@!!! dijo...

K feo k te revisen... o no??? Saludos!!!

Anónimo dijo...

Mel intenta saber si os han hecho ese tipo de "exploración" alguna vez. No piqueis!! Yo digo que fue el gerente