lunes, 10 de septiembre de 2007

"Siempre soy el mismo"

Una vez más y por quinta vez en el 2007, me dispongo a “saltar el charco” para visitar México. No tengo ninguna queja. Siempre me han tratado muy bien, la verdad. Pero antes de un viaje de estos, me pasa exactamente lo mismo que cuando tengo que hacer cosas como ir a una cena de trabajo o visitar a familia lejana y/o política (bueno, ahora ya no, puesto que la “política” en cuestión me dejó en la cuneta tirado), y es que inconscientemente, cuando el momento de hacer alguna de estas actividades se aproxima me monto unas películas melodramáticas sobre lo mal que me van a ir las cosas y empiezo a imaginarme situaciones retorcidas y series de “catastróficas desdichas” encadenadas que van a hacer que lo pase fatal. Nunca nada está lo suficientemente preparado, ni es todo lo divertido que tiene que ser para que este sentimiento desaparezca y todos estos pensamientos consiguen amargarme la vida y agriarme el carácter durante los 2 ó 3 días previos al evento en cuestión. En esas jornadas estoy cabizbajo, intratable, melancólico, bucólico (tirando a alcohólico) y me irrito con facilidad al más puro estilo “vayasealamierdanomeadmire” de Fernando Fernán Gómez.

Afortunadamente, no hay mal que cien años dure y en cuanto me subo al avión (en el caso del viaje), entro por la puerta (si de una visita social hablamos) o me siento a la mesa (en caso de una cena de trabajo) me transformo en la alegría de la huerta y empiezo a preguntarme por qué coño no aprenderé nunca. A veces en relación con esta sensación me vienen a la mente recuerdos de cuando niño:

“Tengo un primo (cuyo nombre no diré) con el que en la tierna infancia, hacía fechorías por el pueblo de mis abuelos. Para que os hagáis una idea nos llamaban “estarqui” y “jach”, como a los dos policías de aquella serie. Él era el rubio y yo el moreno, por supuesto. Realmente éramos inseparables. Yo era como su sombra: más oscuro, más alto y siempre pegado a sus talones. Nuestras actividades consistían básicamente en que a él se le ocurría alguna idea de índole más o menos arriesgada o de consecuencias imprevisibles y yo me dedicaba a intentar disuadirlo (casi siempre sin éxito). Al final, solía entrar en escena la garrota hábilmente manejada por mi abuelo para sacudirnos a los dos mientras repetía (mi abuelo, no la garrota) la frase “tanto peca el que mata como el que tira de la pata!” justificando el castigo en indiscriminado a la fuente de todos los males (es decir, nosotros).

No obstante, entre la trastada en cuestión y el momento en que esta era descubierta (porque obviamente, nunca confesábamos por voluntad propia), siempre se producía un período de penitencia y arrepentimiento en el cual mi primo repetía constantemente….“siempre soy el mismo, siempre soy el mismo” , mientras observaba las consecuencias de sus / nuestras acciones (casi siempre algún tipo de ruptura de materiales, producción de daños físicos y/o morales a terceras personas o a nosotros mismos y pérdida de bienes muebles que menguaban el minúsculo patrimonio de mis abuelos ).”


Pues bien, cada vez que paso uno de esos momentos críticos en mi vida en los que me doy cuenta de que lo he pasado mal agobiándome de manera prematura e injustificada por algo que seguramente no es tan malo, recuerdo la imagen de mi primo y también me repito aquello de “siempre soy el mismo”. Nunca me he visto en esos momentos, pero estoy seguro de que , inconscientemente, esbozo una leve sonrisa recordando.

“Estos son recuerdos del pasado, de lugares ya remotos.
Cuando no era más que un trozo del adulto que ahora soy.
De ese viaje que hice en bicicleta con burbujas en el aire.
La ciudad que eran dos calles tan enanas como yo.
Tengo en un baúl dos mil recuerdos que quedaron de aquel tiempo,
donde guardo la ilusión.
La Venta de La Rosa, 1972,
un duro de Palotes y un polo de limón,
películas con rombos,
Gustavo y dos son dos,
la calle de adoquines, la tiza y el crayón”

Pedro Guerra.

8 comentarios:

gaby dijo...

Vaya Luis, ¿así que vas a saltar el charco?... Coincido contigo en eso de dar mil y un vueltas a las nuevas situaciones, pero he descubierto que, por lo menos en mi caso, me sirve de ayuda ya que por regla general no pasa lo peor que imaginé. Que bonito es tener recuerdos que nos hagan sonreir... Que tengas un magnifico viaje caballero. :)

manijeh dijo...

No hay que arrepentirse nunca, bien dijo tu primo "siempre soy el mismo" y la esencia queda aunque intentes cambiarla.

El "ah cabrón!" de mi comentario pasado solo era a manera de expresión, no suelo ser tan llevada jaja.

Luis dijo...

Menos mal...me has quitado un peso de encima manijeh...

si Gaby, salto el charco y debo de estar un poco nervioso porque son las 3 de la madrugada y no he logrado dormirme todavía...y mañana salgo...

Anónimo dijo...

Este remolino de sentimientos, sensaciones y pensamientos que te pasan por la mente antes de que tengas que realizar estos viajes o debas asistir a algún compromiso se deben a esa gran llama que tienes por dentro y que esperemos siempre sigas teniendo.. Es mejor "siempre ser el mismo" a ser quien no sabes como ser!!

Buen viaje y feliz estancia..

Luis dijo...

Anónimo!
Así que era una llama que tengo por dentro! Yo que pensé que era la hernia de hiato!
Gracias por el comentario!

Anónimo dijo...

Ahhh... No sabia yo que padecieras una Hernia de Hiato!!! (Bueno saberlo).. Aunque bueno no tenias que agradecer el comentario... Que duro sueles ser!!
Un saludito guapo ;-)

Anatema dijo...

a caray..tengo que leer tus post anteriores..como que vas a brincar el charco?
otro que se nos va!...es fuga de cerebros o que?..jejeje

Un saludo!..
Gracias por tu comentario en mi blog.

Anatema dijo...

jajaja..pero que tonta soy!!...te digo, no lo habia leido bien!..jajaja
estas en España y brincaras el charco o sea..hacia donde vas?...caray ya me hice bolas!!